Ley de JesúsCristo, Segundo Mandamiento
octubre 21, 2010
“Entrega al Espíritu”
“(1) Amarás y reconocerás a Tu Espíritu: Ser vivo que es eterno desde antes que el cuerpo y será eterno después del cuerpo;
(2) conocedor de La Sabiduría de Dios, creado en la Raíz de Lo Creado, receptáculo del Santo Espíritu de Dios;
(3) obedecerás las Inducciones del Espíritu que os habita, y será el ‘Ti Mismo’, ‘el Sí Mismo’ y el ‘Yo’ que amarás por ser de Dios;
(4) y no amarás más a tus deseos carnales o a tus pensamientos mundanos, sino al espíritu que Mora en el cuerpo”
Exhortación: El Espíritu que Nos vive no nos pertenece, sino que es pertenencia absoluta del Creador, para sus fines y Plan. El hecho real de que éste habita temporalmente en nuestro cuerpo, y podemos discernirlo, no lo hace propiedad del ego, de la carne o del pensamiento. Al contrario: es el Espíritu quién debe irradiar su Gobierno hacia lo carnal, lo mental y lo emocional. Es este Espíritu quién debe unirse al Alma (sentidos) y transformar lo sensual en ‘sentido divino’. Se nos manda ‘Amar y Reconocer’: antes describimos cómo el Hombre puede y debe llegar al Amor de Dios, ahora igualmente debe proceder para Reconocer y Amar al Espíritu que nos habita. Esto está relacionado con ‘Amarse a Sí Mismo’, e identifica este ‘Ti Mismo’ como al Espíritu que nos habita. Dice ‘Amar’ y esto nos obliga a separar, nuevamente, el amor de los sentidos del amor espiritual. Y se nos dice: ‘Reconocer’, y esto está revelando que cada Espíritu posee característica propia, una Índole particular reconocible y reconocida por Dios. No se ama algo amorfo y genérico, sino que a un Ser concreto, específico y con personalidad propia. Nadie ama lo que no conoce ni puede reconocer.
La eternidad subyace en la calidad perenne del Espíritu. No hay eternidad en el Ser fuera de esa calidad espiritual. Y Cristo Jesús nos revela en este Mandato que este Espíritu ya vivía y poseía conciencia antes de habitar en el cuerpo, y mantendrá su eternidad después del cuerpo: esto quiere decir que el Espíritu posee pertenencia indiscutible e indivisible. Viene del Creador, vuelve al Creador. También nos declara que el Espíritu conoce a la Madre Sabiduría, y debemos entender que ‘La Raíz de Lo Creado’ es justamente La Madre Sabiduría del Espíritu Santo, que cobija y entrega Conciencia y Discernimiento a los Espíritus del Padre; por lo mismo, el ‘verdadero saber de Dios’ se halla en El Espíritu y no en el conocimiento de lo temporal o en el efecto de los fenómenos. El ‘Yo’ que merece todo nuestro amor no es el ego, no son los sentidos, no es el cuerpo, no es la mente artificial: sino El Espíritu, el ‘Yo Superior’, la ‘Persona Divina’ que nos habita. ‘Deseos carnales y pensamientos mundanos’ son dos poderes que llaman a los bajos instintos y a la práctica de un tipo de pasión y posesión que hemos llamado ‘amor’. La renuncia a estos males no puede ser abstracta: sino que debe apuntar a la superación del falso amor, en modo que por el Amor al Ser Espiritual que nos habita convertimos cuerpo, mente y alma en aquel Ser Superior (uno e indivisible)… fundido a (en) Éste. De este modo seremos Personas Dignas ante el Creador, y estaremos preparados para entrar en la Ley de Resurrección: ‘de personas carnales, a Personas Espirituales’.
Este Espíritu existe independiente de si el Ser lo reconoce o no, crea en éste o lo ignore. La Libertad del Espíritu, siguiendo este Mandamiento, es el verdadero Libre Albedrío. La prisión que anula la Inducción del Espíritu hace al Hombre un esclavo, y su pretendida libertad es una ilusión y falacia. Desde el Amor por el Espíritu y la unión a su Designio y Calidad todo el Ser recibe beneficio: cuerpo, sentidos (alma) y mente cumplirán con el rol divino para el cual fueron creados.
Sacerdocio Bajo la Ley de JesúsCristo.
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